―Yo nunca me rendí―así empieza Jósbar Andrés relatando cómo hizo realidad su sueño de trabajar en el lugar donde siempre quiso estar.
Jósbar es un joven con retinitis pigmentosa, una enfermedad genética que causa la pérdida de visión a lo largo del tiempo y que le cambió radicalmente la vida a partir de los 16 años cuando tuvo que enfrentarse por primera vez a los choques “literalmente” de esta vida de la que no estaba dispuesto a salir perdedor.
Una de sus primeras frustraciones fue encontrarse corriendo en un patio de colegio con sus compañeros y de repente, ya no poder verlos con claridad para alcanzarlos mientras jugaban, luego, vino el bastón, un objeto que lo enfrentó al paradigma y a la triste realidad de saberse discapacitado por el resto de su vida, fue esa la razón más contundente para no usarlo y que lo llenó de motivación para aprender con tenacidad a ubicarse espacialmente, tal vez esas fueron sus primeras muestras de resiliencia y le mandó un claro mensaje a la vida, no se iba a dejar vencer.
A medida que iba perdiendo la visión, ganaba en fe, creyendo en sí mismo y entendió la necesidad de superarse a través del estudio, tenía claro que el camino era insistir en buscar oportunidades de crecimiento profesional y tras años intentando en diferentes instituciones, logró hacerse una licenciatura en educación, pero lo que realmente disfrutaba era trabajar con números, así que, hizo un diplomado en contabilidad, soñando algún día con que lo llamaran de una empresa donde pudiera poner a prueba esta habilidad.
Antes de llegar a Cafam, ya había estado tocando puertas en diferentes lugares. Recuerda que a través de otro programa de inclusión llegó a una empresa de combustibles en Fontibón para una entrevista y cuenta que en cuanto el entrevistador lo vio, hubo una especie de reactividad hacia su condición sin darle siquiera la oportunidad de demostrar si podía llevar a cabo el trabajo. Fue descartado de inmediato y sintiendo un poco de pena hacia Jósbar Andrés, solo pudo ofrecerse a acompañarlo hasta el alimentador para que regresara a su casa.
―Me sentí muy frustrado, no fue fácil ir hasta allá para que me dijeran que no.
Poco a poco, esta negativa de los empleadores y el portazo constante en la cara se iban convirtiendo en su nueva realidad. Confiesa que sus días se iban tornando profundamente tristes, pero la promesa que se hizo a sí mismo de vencer y ganar lo mantenían enfocado en que la oportunidad llegaría si seguía buscando con ahínco.
Y la oportunidad se presentó, en Cafam hizo todo su proceso de inclusión al Programa PIDE-Cafam está contigo y fue tenido en cuenta para presentar proceso de selección en la empresa donde trabaja actualmente.
Fue Inalcon, una empresa de ingeniería y consultoría la que le permitió cumplir su sueño.
―Mis jefes y mis compañeros me trataron muy bien desde el primer día, pero había mucha expectativa―cuenta.
José Gabriel García, su jefe inmediato en el departamento de contabilidad, también nos contó que el desempeño de Jósbar Andrés ha tenido un gran resultado.
―Él ve con el oído, ha sido un proceso extenso, de calma y paciencia, Jósbar ha demostrado su capacidad, y la actitud para desarrollar su trabajo ha sido fundamental―dice.
Jósbar fluye en su trabajo, se sienta con calma, se pone una diadema gigante con audífonos y empieza a recorrer el teclado con sus manos mientras escucha los comandos para ingresar a los diferentes programas contables. Softwares como Jaws le han permitido desenvolverse con facilidad y sabe que, aunque es un proceso de mucha paciencia, se entusiasma cuando cuenta que ya no le repiten las cosas que tiene que hacer y que su velocidad de aprendizaje ha mejorado.
Una de las cosas que José Gabriel más le ha admirado durante este tiempo es la facilidad con que se desplaza normalmente por la oficina, cómo se acerca y se aleja de los objetos sin ningún impedimento ni temor.
Este ha sido un aprendizaje para ambos, empleado y empleador, pero tanto Jósbar como José Gabriel coinciden en una cosa, en el sentimiento de gratitud hacia Cafam por esta oportunidad de vida y la grata experiencia que han vivido, pues sin la intermediación del Programa PIDE-Cafam está contigo, no se habrían dado las condiciones para que el sueño de Jósbar Andrés se cumpliera e Inalcon tampoco habría podido garantizar las condiciones óptimas para que un joven con discapacidad visual pudiera llevar a cabo el trabajo.
―Cafam hizo un acompañamiento constante para poder lograrlo―dice José Gabriel.
Hoy Jósbar Andrés sonríe recordando cada situación difícil que vivió desde que perdió su capacidad de ver pero que abrieron su corazón y su mente para que entraran la resiliencia, la valentía y la esperanza.
Cuenta que ya lograron un subsidio junto a su madre y su hermano para poder comprar “su apartamentico” y en sus palabras, “haber conseguido este trabajo me ha permitido llevar una vida mas organizada y con pautas más claras”.
La vida le sonríe, porque siempre estuvo convencido de que la discapacidad visual no era mental y que la firmeza con que creyó en su sueño materializó la oportunidad gracias a una caja de compensación que lo acompañó de principio a fin y de una empresa que se lanzó a ser partícipe de un experimento para aprender junto a él que se puede crecer, que podemos incluirnos y pertenecer, aun con diferencias.
